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Su nombre es Mauricio Acuña y en su antepenúltima
confesión declara haber rebasado el ecuador de la vida, esa línea divisoria
cuyo traspaso le inflige a uno resentirse de cualquier esfuerzo o veleidad,
tanto más del disparate de una noche de vigilia completa, ajuntando papeles, y
fotos, y cedés, y cualesquiera señales de su paso por este mundo, y seguido
vaciarlo todo en un sacón negro de plástico con destino al basurero. También
acopiando los billetes de 50 y 500 euros que, como buen hijoputa burgués,
trocará por armas y bagaje con que empezar una vida nueva.
El vampiro que lleva dentro trata entretanto de arrancar
a la noche los últimos destellos de lo que ha sido su vida: la complicidad de
un amigo, al que llamaba ‘Mi Negro’ o ‘Campeón’ o ‘Enano’, y un amor, rabioso y
estéril, al que le entraba por el culo.
Tiene mala sangre. Desde hace tres quinquenios lleva
peleando por no quedarse descolgado de la modernidad. Como hombre y artista ha
sido incapaz de reflejar el presente o de asumirlo. Un día colgó en la pared
del salón dos cuadros prestados –un Miró y un Tapiés- y se sentó a esperar,
paciente y alerta.
Las respuestas que esperaba no vinieron del cielo. El
gateo torpe de una niña, la cruzada luciferina por izarse y postular sus
derechos, lo conmovieron. Ella le hizo saber que ahora y siempre su vida iba a
estar anclada en el siglo pasado, y, para más inri, sin haber hecho la guerra,
ni la revolución, ni participar en la liberación de nada: ni mujer, ni
homosexual, ni negro, ni discapacitado, ni proletario, ni mal parido…
Quince años más y estará integrado en un grupo de edad
señero y mayoritario: el de los viejos. La familia, como se entendía entonces,
habrá desaparecido. Todo él formará parte ya de un circuito infernal de lo
hecho y dicho por generaciones.
A última hora el vampiro se bate en retirada pero quiere
que le acompañe, en su viaje a Dios sabe dónde, un resto de memoria señalado.
Elimina del Escritorio del PC todas las carpetas personales, menos una,
‘Eclipse’, que transfiere a una memoria lapicero. Luego la abre, hace un par de
añadidos en el primer pasaje y escribe una última línea: “Soy natural de Madrid
y tengo 46 años”. Le parecen dos datos incuestionables: lo ubican en un grupo
de edad, una geografía y una lengua (sólo un año después, ya no era él: en la
geografía de esa Irlanda extraviada a donde se mudó no iba a tener más lengua
que una de señas para pedir las cervezas que cayeran en su contra). A
continuación, otra línea más: “Al hombre lo que es del hombre, y a Dios…”
Se queda unos segundos en Babia, una
media sonrisa, y continúa: “Contigo, Señor, tengo mucho de qué hablar… ¿Señor?
La madre que te parió, Dios, no sé cómo tratarte: ¿Señor Dios?, ¿Dios
Todo-Poderoso?, ¿Príncipe y Pastor del menguado rebaño espantado ante la
cruzada del infiel?, ¿Ubicuo Ventrílocuo Sabedor de todas las combinaciones erróneas
de la Primitiva en las me he soplado una pasta gansa?… Dios mío: hazme un sitio
a tu derecha y llévame… llévame junto al seno de María de las Mercedes, el
derecho, pues el izquierdo tiene el pezón vago y no erupciona como Dios manda…
Eso, eso: muestra tu poder y levántalo y llévalo junto a mi boca y hazme feliz
sentado en tu reino, pero no todo el día sentado ni a tu lado, quiero más cama
que asiento, y sábanas limpias a diario porque van a correr ríos de esperma y
flujos y reflujos vaginales como olas en la marea alta. Ah, por cierto: ¿a
quién tienes encomendado servirme el desayuno y hacerme la cama?, no te
pensarás que allá arriba voy a seguir como aquí abajo, ah, no, emplea a los
recocidos pecadores del infierno, que se jodan, nosotros a gozarla y ellos como
personal de servicio en un exclusivo hotel de 6 estrellas, permite incluso
algún contacto entre estamentos diferentes, como el de la becaria y Clinton y
la camarera y Kahn, ambos cuatro que se jodan y a joderlos, y si rechistan,
doble y triple jodienda vía oral y anal y auricular, que aprendan de una
puñetera vez que por toda la eternidad van a estar jodidos y ser jodidos por
los buenos porque ya gozaron bastante en vida y los prota somos ahora nosotros.
Ah, Dios mío: ¿se podrá ser infiel allá arriba? Yo tengo fe en que por Carnaval
y Adviento -¿28 días de Viento dices para celebrar tu venida?, no es poco la
verdad, pero has de saber que estos parajes donde he venido ahora a refugiarme
son de un viento seco descomunal y continuo, sopla que te resopla y, claro,
entretanto los lugareños también soplan de la botella que no veas, y entre el
calor insano de la estufa de butano y el suyo propio se calientan y acaban
todos en la cuadra que tienen dentro de la vivienda y confunden a la ternera
con la cerda…, cómo decírtelo, si en tu reino el verdugo será la víctima y éste
le aplicará tormentos imaginables sólo en tu Mente, imagino entonces que la
cerda y la ternera se desquitarán y algunos hombres serán corridos por el campo
celestial con trabucos como robles centenarios y no hay calculadora capaz hoy
por hoy de cifrar el diámetro de ese escatológico orificio que contendrá
tamaños arrebatos fieros y sensuales a la vez-, dígote que permitas alguna
licencia por Carnaval y Adviento y Viento, o que te ausentes y mires para el
otro lado, hacia el izquierdo, donde sientas a esos creyentes mediocres que medio
creyeron en ti y a la vez pusieron los medios para hacer feliz a media humanidad
-Stalin y Pol Pot y Bush…-, vivían una época convulsa, hijos de su tiempo, no
sabían que tú los estabas observando y consintiendo todo el mal que hicieron a
unos cientos de cientos de miles por el bien de la medianía. Dios mío,
concédeme lo que te pido. Hágase tu Voluntad.
…Ah, una última cosilla: no me resucites
como estoy ahora, ¡Dios mío, no me jodas!, concédeme la reposición de la
dentadura y álzame un par de centímetros, ya sabes que en tu reino hay que
estar de lo más presentable y seductor porque todo lo que hay allí es bueno,
qué digo, lo mejor, ah, y ya puesto, alárgame el pene unos 4 centímetros,
quita, para qué andarse corto, ponle 20, de modo que cuando esté empalmado
pueda manejarlo como un florete o una cachiporra por si el servicio -el Klan y
el Clin y la becaria y la camarera- se me soliviantan. Hágase Tu Voluntad”
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