martes, 3 de enero de 2017

Año Nuevo, Vida...




  


Soy      El Liquidador


1.     La vida perfumada y digna de unos pocos y la cloaca de la inmensa mayoría.
2.     Para quien es joven la solución pasa tal vez por ganar una miseria y conformarse con un pedacito de la indignidad que heredó y plantearse un futuro de mierda. Para quien no es tan joven pero tiene arrestos la solución pasa por morder la yugular de los pocos que con absoluta avaricia poseen la dignidad que da la riqueza y despedirse si es el caso. Su ejemplo, el miedo de los pocos a que unos cuantos de los muchos sigan su camino, puede provocar un alza en la dignidad general. Esta utopía se celebra cada 300 años: los pocos perecen y en su lugar otros pocos pertenecientes a los muchos ocupan su puesto y no sabiendo qué hacer reproducen lo que vieron como prostitutos sementales de una estirpe inacabable.
3.     Pero yo no me ocupo de los dignos, mi papel es el de liquidador de indignidades, de esas que no tienen vuelta de hoja: vejestorios, enfermos malhumoradamente incurables y, sobre todo, me ocupo de los indignos de la peor calaña: los que han traicionado su vida y no se quieren acordar y si lo hacen es para lamentarse con la satisfacción de quien ve el tiempo pasar y huye de su mejor pasado porque tiene el mismo futuro que el de una monja preñada que huye del convento donde oró y pernoctó y vio a Cristo crucificado en su cama. 
    Y ahora, después de unos años de oficio, me toca: sí, me toca ejercer el oficio conmigo mismo porque soy un indigno. Porque yo no estaba llamado para esto. Pero hace unos años sufrí la crisis de los cuarenta y qué importa y mi dignidad empezó a naufragar. Recuerdo el buen día en que estaba sentado en un banco en el parque debajo de casa, estaba leyendo para distraer o disfrazar mi indignidad, para no creérmela, y vino un señor ya madurito y sentó sus reales en el otro extremo habiendo más bancos vacíos, y al poco soltó en voz alta "¡Puta vida!". Levanté la vista y lo vi mirarme: "Joven", dijo (el muy cabrón quería halagar mi vanidad y forzar la puerta de mi silencio y mi rechazo): "Joven, ¿te das cuenta de a dónde vamos?, tú… tú no te acuerdas…, claro que no te acuerdas". Y dijo más, todo más o menos de la misma estúpida y satisfecha rebeldía comida por la polilla. Aquella indignidad no sólo era suprema, sino que también vi reflejada en ella la mía propia (la suya no me llegaba ni al ombligo). Decir por ejemplo que leo y hacerlo a escondidas, decir que tampoco pinto –o que pinto sólo monas- y emborracharme de gozo al meterme en el estudio y recuperar la muñeca con la copa pincelada con la marca Mahou cinco estrellas.
-¿Eh? Ahora tengo nuevas ideas...
-Has perdido el vigor. Media hora sentado aguantas como mucho. Enseguida tienes que cambiar de tercio, darte a la decoración, a los mensajitos por ordenador…
-Esta vez es distinto.
-No hay plazo. Tengo una liquidación pendiente. Luego vienes tú. Puede ser de hoy a mañana o a la semana que viene.¿Qué pasa? Te has puesto lívido. Estás pensando en el cuándo, en el cómo y en el dónde. Ya sabes, en El Puerto de La Lunada. Ya sé, tienes alguien que te herede, alguien a quien traspasar el milagro de la vida.
-Estoy Muerto…
-La cantinela de todos los días, la frasecita con que tratas de exorcizar lo inexorable. La lanzas cuando estoy distraído y quieres darte el gusto de saborear el escollo y besarte  el culo.
-Pensemos…
-Piensas mientras te miras en el espejo, ¡que no se cumpla la profecía! Tres años ya que murió el amigo ausente.
-¿Y mi hermano Perejil? Alguien pensará que lo liquidé yo...
-Es jodido despedirse, ¿eh, compañero? Venga esas últimas lágrimas, esos últimos mensajitos:
a. Las cuentas que dejas, los seguros y demás para que los que te sobrevivan después de haberte sufrido tengan algo de lo que alegrarse.
b. Las malditas recomendaciones: ¡Cuidadín, el grifo de la bañera gotea, el lavaplatos tiene la puerta descolgada, la luz del salón se regula…!
c. Los secretitos: detrás de la rejilla de la cocina hay 100 euros, detrás del radiador del salón, sujeto por un hilo invisible hay un fajo de billetes: 1000 euros; el collar de oro de madre está detrás del gavetero...
-Me estás jodiendo..
-Sigue:

           "Hola Campeón: Empiezo a sufrir de Alzheimer y va siendo hora de proyectarse: Será el 15 de enero si los hados y las circunstancias no modifican el proyecto. De hoy en adelante no recibirás ningún comunicado (me anticipo, seguro de que el Seguro contratado con el banco montará sus inspecciones en su momento, me anticipo, digo, a ese coloso capaz de dar al traste con mis designios). Por último: ¡olvídame! (ya sé que te será imposible porque he sido una mala compañía, y lo malo perdura, se diga lo que se diga, y mira ahora que lo siento). Y ya: Borra este correo según lo leas, mándalo al limbo porque me compromete. No me voy, Campeón: Todo está por hacer y estoy más nunca volcado en la novela de ‘El Liquidador’. Mismamente este que te escribo es parte de la novela: el futuro ya no entrevisto, sino puesto delante, el placer de ver cumplido un designio". 


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