Soy El Liquidador
1. La vida perfumada y digna de unos
pocos y la cloaca de la inmensa mayoría.
2. Para quien es joven la solución pasa
tal vez por ganar una miseria y conformarse con un pedacito de la indignidad
que heredó y plantearse un futuro de mierda. Para quien no es tan joven pero
tiene arrestos la solución pasa por morder la yugular de los pocos que con absoluta avaricia poseen la
dignidad que da la riqueza y despedirse si es el caso. Su
ejemplo, el miedo de los pocos a que unos cuantos de los muchos sigan su camino, puede provocar un alza en la dignidad general. Esta utopía se celebra cada 300
años: los pocos perecen y en su lugar otros pocos pertenecientes a los muchos
ocupan su puesto y no sabiendo qué hacer reproducen lo que vieron como
prostitutos sementales de una estirpe inacabable.
3. Pero yo no me ocupo de los dignos, mi
papel es el de liquidador de indignidades, de esas que no tienen vuelta de
hoja: vejestorios, enfermos malhumoradamente incurables y, sobre todo, me ocupo
de los indignos de la peor calaña: los que han traicionado su vida y no se
quieren acordar y si lo hacen es para lamentarse con la satisfacción de quien ve
el tiempo pasar y huye de su mejor pasado porque tiene el mismo futuro
que el de una monja preñada que huye del convento donde oró y pernoctó y vio a
Cristo crucificado en su cama.
Y ahora,
después de unos años de oficio, me toca: sí, me toca ejercer el oficio conmigo
mismo porque soy un indigno. Porque yo no estaba llamado para esto. Pero hace
unos años sufrí la crisis de los cuarenta y qué importa y mi dignidad empezó a
naufragar. Recuerdo el buen día en que estaba sentado en un banco en el
parque debajo de casa, estaba leyendo para distraer o disfrazar mi indignidad,
para no creérmela, y vino un señor ya madurito y sentó sus reales en el otro
extremo habiendo más bancos vacíos, y al poco soltó en voz alta "¡Puta vida!". Levanté la vista y lo vi mirarme: "Joven", dijo (el muy cabrón quería halagar mi
vanidad y forzar la puerta de mi silencio y mi rechazo): "Joven, ¿te das cuenta
de a dónde vamos?, tú… tú no te acuerdas…, claro que no te acuerdas". Y dijo más, todo más o menos de la misma estúpida y satisfecha rebeldía comida
por la polilla. Aquella indignidad no sólo era suprema, sino que también vi
reflejada en ella la mía propia (la suya no me llegaba ni al ombligo). Decir por ejemplo que leo y hacerlo a
escondidas, decir que tampoco pinto –o que pinto sólo monas- y emborracharme de
gozo al meterme en el estudio y recuperar la muñeca con la copa pincelada con
la marca Mahou cinco estrellas.
-¿Eh? Ahora tengo nuevas ideas...
-Has perdido el vigor. Media hora
sentado aguantas como mucho. Enseguida tienes que cambiar de tercio, darte a la
decoración, a los mensajitos por ordenador…
-Esta vez es distinto.
-No hay plazo. Tengo una liquidación pendiente. Luego vienes tú. Puede ser de hoy a mañana o a la semana que viene.¿Qué pasa? Te has puesto lívido. Estás pensando en el
cuándo, en el cómo y en el dónde. Ya sabes, en El Puerto de La Lunada. Ya sé, tienes alguien que te herede, alguien
a quien traspasar el milagro de la vida.
-Estoy Muerto…
-La cantinela de todos los días, la
frasecita con que tratas de exorcizar lo inexorable. La lanzas cuando estoy distraído
y quieres darte el gusto de saborear el escollo y besarte el culo.
-Pensemos…
-Piensas mientras te miras en el
espejo, ¡que no se cumpla la profecía! Tres años ya que murió el amigo ausente.
-¿Y mi hermano Perejil? Alguien pensará que
lo liquidé yo...
-Es jodido despedirse, ¿eh, compañero? Venga esas últimas lágrimas, esos últimos mensajitos:
a. Las
cuentas que dejas, los seguros y demás para que los que te sobrevivan después de
haberte sufrido tengan algo de lo que alegrarse.
b. Las malditas
recomendaciones: ¡Cuidadín, el grifo de la bañera gotea, el lavaplatos tiene la puerta
descolgada, la luz del salón se regula…!
c. Los
secretitos: detrás de la rejilla de la cocina hay 100 euros, detrás del
radiador del salón, sujeto por un hilo invisible hay un fajo de billetes: 1000 euros; el collar de oro de madre está detrás del gavetero...
-Me estás jodiendo..
-Sigue:
"Hola Campeón: Empiezo a sufrir de
Alzheimer y va siendo hora de proyectarse: Será el 15 de enero si los hados y
las circunstancias no modifican el proyecto. De hoy en adelante no recibirás
ningún comunicado (me anticipo, seguro de que el Seguro contratado con el banco montará sus
inspecciones en su momento, me anticipo, digo, a ese coloso capaz de dar al traste con
mis designios). Por último: ¡olvídame! (ya sé que te será imposible porque he sido una mala compañía, y lo malo perdura, se diga lo que se diga, y mira ahora que
lo siento). Y ya: Borra este correo según lo leas, mándalo al limbo porque
me compromete. No me voy, Campeón: Todo está por hacer y estoy más nunca
volcado en la novela de ‘El Liquidador’. Mismamente este que te escribo es
parte de la novela: el futuro ya no entrevisto, sino puesto
delante, el placer de ver cumplido un
designio".
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